lunes, 26 de abril de 2010

A estas alturas de mi vida había tenido una cuota de experiencias cercanas a la muerte mas que razonable, y desde luego no es algo a lo que uno pueda llegar a acostumbrarse.
Sin embargo, en lo que a mi se refería, parecía extrañamente inevitable otro enfrentamiento con la muerte. Daba la impresión de que yo estaba marcada por la fatalidad; había escapado una y otra ves, cierto, pero seguía regresando a buscarme.
Y qué distinta era esta vez con respecto a las otras.
Puedes uír de alguien a quien temas, puedes luchar contra alguien a quien odies. Todas mis reacciones se orientaban hacia esa clase de asesinos, tanto monstruos como enemigos.
Cuando amas a tu posible asesino te quedas sin opciones.
¿Acaso es posible uír o luchar aunque eso lo lastime gravemente? Si la vida es todo cuando puedes darle al ser que más adoras ¿por qué no entragarsela?
¿Y si esa persona es a quien amas de verdad?